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El pasado de los Valles: Los yacimientos arqueológicos

Los grandes valles que confluyen en forma de abanico en Benavente conforman, a su vez, subcomarcas que se constituyen en los espacios agrícolas más productivos de la provincia. Se trata de la amplia vega del Esla, las ricas vegas del Orbigo y el Eria, el valle de Vidriales, el valle del Tera y el valle de Valverde. A todos ellos se les puede añadir la vega del Cega, que limita Tierra de Campos.

Estas vegas de suave orografía, abundantes en agua y de gran fertilidad, se constituyeron en un emplazamiento óptimo para la vida de los primeros pobladores y el desarrollo de la incipiente agricultura del hombre primitivo. La gran diversidad vegetal y animal de la zona permitió gozar de la disponibilidad de alimento fácilmente accesible y del aprovechamiento de otros recursos naturales de gran interés para su supervivencia, como la leña, los pastos, la piedra, etc. Por su localización geográfica privilegiada y debido a su riqueza en recursos naturales, en la comarca de “Los Valles de Benavente” se han producido, desde tiempos remotos, numerosos asentamientos humanos. Actualmente la Comarca se encuentra salpicada de yacimientos arqueológicos de gran importancia y presenta restos históricos de todas las Eras o Edades de la evolución humana, desde el Paleolítico hasta la Edad Contemporánea.

Los testimonios de la Prehistoria y de la Edad Antigua que se encuentran representados en yacimientos documentados tienen un especial interés ya que han logrado aportar muchas de las piezas de mayor valor que se pueden admirar actualmente en el Museo Arqueológico de la capital de la provincia.

Los yacimientos más antiguos localizados en la zona son los restos de asentamientos paleolíticos, datados entre 700.000 y 10.000 años A C. se encuentran en las localidades de Burganes de Valverde, Olmillos de Valverde y Santa Marta de Tera. Se trata de restos de una etapa de la prehistoria caracterizada principalmente por el uso de útiles de piedra tallada, pero también de hueso, asta, madera, cuero y fibras vegetales.

De la era Neolítica se han encontrado importantes hallazgos datados 6.000 años a.C. que permiten tener constancia del tipo de vida que llevaban estas sociedades primitivas. Durante esta etapa comenzó una incipiente agricultura y ganadería que, en algunos casos, iban acompañadas de alfarería, uso de herramientas (como la hoz, el arado o los molinos de mano) e, incluso, fabricación de los primeros tejidos de lana y lino. El sedentarismo de estas comunidades dio lugar a la aparición de los  primeros poblados cerca de los ríos y a yacimientos como los de Arrabalde, Granucillo y Morales del Rey. En estos emplazamientos se pueden observar construcciones funerarias que tuvieron la función de tumbas colectivas, donde los antiguos realizaban sus ritos mortuorios. Se trata de conjuntos megalíticos formados por dólmenes, realizados en lajas de cuarcita (u ortostatos) y cubiertos por túmulos de tierra en los que, además, se han encontrado diversos objetos que formaban parte del ajuar, como vasijas, cerámicas, collares, etc. El conjunto megalítico que conforman los dólmenes de “El Tesoro” (Morales del Rey), “La casa de moros” (Arrabalde) y “San Adrián” (Granucillo de Vidriales) es con mucho, el más importante de la provincia. Buena parte del ajuar (vasijas o cerámicas, collares, etc.) encontrado en estos yacimientos forma parte de las colecciones del Museo Arqueológico Provincial, en la ciudad de Zamora, y allí puede ser contemplado.

El inicio de la Edad de los Metales se produjo con el Calcolítico, o Edad del Cobre, datado entre los años 2.500 y 1.800 a.C. Las principales manifestaciones de este periodo en la zona se encuentran en Castrogonzalo, Colinas de Trasmonte, Vecilla de Trasmonte y San Cristóbal de Entreviñas. En los yacimientos de esta época, se ha podido observar como el aumento en la agregación poblacional de los grupos humanos favorece la ocupación de territorios anteriormente deshabitados y la utilización de sistemas de almacenaje de alimentos. Durante este periodo el modo de vida agropecuario termina por consolidarse, a pesar de que se mantiene cierto polimorfismo a la hora de obtener recursos.

Los yacimientos arqueológicos de la Edad del Bronce, fechados entre 1.800 al 700 a.C. corresponden a los restos encontrados en la comarca en las localidades de Brime de Urz y Arrabalde. Esta etapa se caracteriza por la continua evolución de la tecnología metálica con la fabricación de hachas, puñales y otros utensilios cortantes elaborados en bronce (aleación de cobre y estaño), así como joyas de oro y plata. Los enterramientos son heterogéneos, puesto que se pueden dar reutilizaciones de antiguos sepulcros megalíticos y estructuras nuevas. Las inhumaciones, en ésta época, comienzan a ser individuales, con una generalización de incineración. En el ajuar de acompañamiento aparecen objetos que marcan desigualdades sociales y diferencias sexuales, con adornos en el caso femenino y hachas o dagas en el masculino. En la arquitectura predominan las cabañas de planta circular realizadas con adobes y ramaje, que se disponían de forma desordenada entorno a estrechas callejuelas, junto con otras construcciones destinadas al almacenaje, talleres para la fabricación del bronce, corrales de ganado. etc. Rodeando los asentamientos generalmente aparece una muralla defensiva fabricada en piedra y barro. Durante esta etapa, se produce un deterioro del medio debido a la acción antrópica generada con la tala de bosques y la agricultura.

De la Edad del Hierro, en el periodo que va del año 700 al 19 a.C., se han descubierto importantes hallazgos arqueológicos ubicados en las localidades de Arrabalde, Benavente, Manganeses de la Polvorosa y otros. Las sociedades de la Edad del Hierro se caracterizaban por el uso generalizado de este metal para la fabricación de todo tipo de instrumentos y armas. La dureza del hierro, su alta temperatura de fusión y la abundancia de fuentes de mineral de hierro lo convirtieron en un material mucho más deseable y barato de obtener que el bronce, lo que contribuyó de forma decisiva a su adopción como el metal más usado. Las comunidades se situaban de forma estable en poblados denominados castros, y en ellos se configura una cultura propia denominada “cultura castreña”. A pesar de que la arquitectura de estos poblados astures mantenía las cabañas circulares de épocas anteriores, durante este periodo se comenzó a imponer la construcción de viviendas de planta rectangular distribuidas en manzanas, con calles perpendiculares y entorno a patios o vestíbulos empedrados. Con el paso del tiempo se comienza a observar una progresiva romanización que dará lugar al mayor esplendor de la cultura castreña: la orfebrería, la escultura en piedra, la arquitectura, la defensa y la organización en barrios de los poblados. El castro de “Las Labradas'”, en Arrabalde, ofrece una imagen plástica de la vieja ciudad celtíbera. Aunque los primeros indicios de su ocupación pertenecen a la Edad del Bronce sus principales y más extensos restos, corresponden a los momentos finales de la Edad del Hierro, cuando era habitado por el pueblo prerromano de los astures. Cabe destacar los restos de sus murallas de defensa y de las viviendas. Sus dos espléndidos tesoros, compuestos fundamentalmente de grandes joyas en oro y depositados en el Museo Provincial son probablemente los más ricos de los hallados hasta ahora en toda la Península.

Los asentamientos de población que tuvieron lugar en la zona durante el periodo que va del siglo I al VI d. C. han dejado numerosas huellas romanas en la comarca. Los yacimientos arqueológicos más importantes de esta etapa están situados en las localidades de Camarzana de Tera, Melgar de Tera, Fuentes de Ropel, Milles de la Polvorosa, Rosinos de Vidriales, Santa Cristina de la Polvorosa y Villanueva de Azoague. El paso de las milicias romanas por la zona dejó tras de sí restos de campamentos castrenses que posteriormente han sido restaurados y reproducidos con el fin de ofrecer al visitante una imagen bastante cercana a la realidad del momento. Las legiones romanas que ocuparon estos asentamientos tenían como finalidad la de vigilar el comercio del oro que se extraía de las minas del Norte. Los campamentos estaban fortificados mediante un muro, de cuarcita y argamasa, con una serie de torretas defensivas y de vigilancia en las esquinas, reforzadas con contrafuertes. A su vez, contaban con una serie de construcciones en su interior para el almacenamiento de armas, herramientas y víveres, así como corrales de animales, cisterna de agua, horno y molino. Las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo a partir de 1970 han sacado a la luz los restos de dos campamentos militares superpuestos, pertenecientes, el más antiguo, a la Legio X Gemina (siglo I d. C.), y el más reciente al Ala II Flav¡a (siglos II-III d.C.), que formaron parte del campamento Petavonium situado en Rosinos de Vidriales.

Durante la época tardorromana, se construyó la villa localizada en Camarzana de Tera. Los restos encontrados pertenecientes a esta construcción han puesto de manifiesto la existencia de dos estancias incompletas, decoradas con mosaicos geométricos, policromos y en buen estado de conservación. Forman parte de un conjunto habitacional de gran singularidad en la provincia de Zamora, donde hay escasos asentamientos de la época romana tipo villae excavados y donde los restos musivarios conocidos y restaurados son todavía mucho más escasos. Los restos constituyen una parte muy pequeña de lo que debió de ser el conjunto, pero se pueden observar cuatro habitaciones alrededor de un patio, repletas de teselas con dibujos geométricos e inscripciones en lenguas actualmente en desuso. También se han encontrado distintas partes de varias columnas y un capitel corintio de material marmóreo.

Además de las huellas del paso romano por la comarca ya mencionadas, existen otros restos de menor importancia como la Fuente Vieja, situada en un pintoresco enclave de la localidad de San Pedro de la Viña. Se trata de una estructura de posible origen romano, a la vista de su tipología y elementos constructivos que en los últimos tiempos ha sido consolidada y protegida para evitar su deterioro.

Otro de los yacimientos romanos de la zona es el taller de Valerio Tauro, un complejo alfarero romano del s .I. situado en la localidad de Manganeses la Polvorosa.  Está compuesto por seis edificios dispuestos alrededor de un patio central empedrado, con dos hornos para cocer piezas, que abastecieron durante siglo y medio a los asentamientos romanos próximos.

Mosaico de la Villa Astur-Romana de Camarzana de Tera

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